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El avance hacia medios de pago más seguros


Del metal al plástico. Breve historia de los medios de pago

Pero en general en lo que más se está avanzando es en desarrollar sistemas de tarjetas más seguros. La encriptación de la información que circula por las redes de conexión, los sistemas para proteger los ordenadores centrales de piratas informáticos y, por supuesto, la mejora de las tarjetas son las prioridades en la actualidad.

Por ejemplo, en apenas dos años las tarjetas incorporarán un microchip, que sigue los protocolos de seguridad EMV, para hacerlas más fiables y seguras. Además, con esta tecnología la caducidad de las tarjetas variará enormemente ya que si las actuales de banda magnética tienen una vida útil media de tres años, las que incorporen microchip tendrán una vida útil, en teoría, de hasta veinte años.

La tarjeta V-Pay de Visa, lanzada al mercado en noviembre del 2004, incorpora ya este microchip. Se trata, además, de la primera tarjeta de débito cuyo servicio cubre toda la Unión Europea. Una interesante novedad en un momento en el que uno de los aspectos más valorados por los usuarios de tarjetas de crédito es la posibilidad de realizar con ellas los pagos durante sus viajes al extranjero.

También ha habido otros grandes avances aunque, de momento, sin una repercusión efectiva en los sistemas de uso habitual. También Visa presentó a principios de 2005 una tarjeta que funcionaba sin necesidad de pasarla por el terminal. De esta forma no hay posibilidad alguna de copiarla para usos fraudulentos. Más curioso es el caso de una empresa de Taiwan que inventó en 2001 un chip de ADN artificial con el que se identifica la autenticidad de la tarjeta.

Es aventurado tratar de adivinar la evolución que van a sufrir los sistemas de pago en el futuro. Pero la informatización de los sistemas de bancos y comercios hace pensar que, como a fin de cuentas lo que interesa es saber si el cliente dispone de saldo en el banco o en su cuenta de crédito, se puede pensar que serán los sistemas de identificación personal electrónicos los que sirvan para identificar al titular de la cuenta de crédito, sin necesidad de tarjetas o cualquier otro instrumento susceptible de ser falsificado. Ya hemos visto ensayos de sistemas de pago a través de la huella dactilar del usuario.

La huella dactilar, la voz, la distribución de los capilares en el iris del ojo o, incluso, el ADN pueden servir para identificar inequívocamente a una persona. Tradicionalmente ha sido siempre la firma lo que se ha utilizado para certificar sus pagos a cuenta y, de hecho, todavía se necesita en los pagos con tarjeta de crédito o de débito. La huella dactilar sí que es, plenamente, personal e intransferible. ¿Por qué no utilizarla como certificación de que se es el titular de la cuenta de crédito con la que se quiere efectuar los pagos?

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