¿Quiere saberlo todo acerca de las tarjetas de crédito?

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Descubre la información más completa sobre el funcionamiento de las tarjetas de crédito, de débito y las tarjetas de fidelización de las tiendas y grandes almacenes.

Tarjetas de débito


Las tarjetas de Pago. Tipos y Usos

La tarjeta de débito es la que el banco emite para que el titular de una cuenta corriente o una cuenta de ahorro pueda disponer de su dinero, en efectivo, en los cajeros automáticos de la propia entidad. Al menos este era su uso inicial, para que el que estaban pensadas. Pero actualmente se ha generalizado también su uso para comprar, pudiéndose pagar con ella en los establecimientos que cuentan con sistemas para efectuar el cobro (terminales de punto de venta).

Al comprar con este tipo de tarjetas o al sacar dinero de un cajero, esa cantidad de dinero se descuenta automáticamente de la cuenta corriente del titular de la tarjeta. De este modo no hay crédito alguno, ni por tanto intereses que pagar. Aunque en compras en el extranjero, en redes ajenas a la tarjeta o al sacar dinero en cajeros que no pertenecen a la entidad emisora de la tarjeta, sí que pueden cobrarse comisiones.

Normalmente las tarjetas de débito, por motivos de seguridad, tienen un límite de dispensación diaria de efectivo en cajeros de unos 600 euros, aunque puede ser variado por el titular fácilmente. Además, con esta limitación se facilita la gestión del efectivo del que dispone cada sucursal bancaria.

Estas tarjetas tienen unos costes mínimos, como la cuota anual (de alrededor de 12 euros) o las comisiones que se cobran en los casos concretos mencionados. Pero también ofrecen un servicio muy reducido, comparado con las tarjetas de crédito, ya que a veces no nos permiten comprar a través de Internet, hacer reservas de hotel o alquilar vehículos.

Aunque, en algunas ocasiones, estas tarjetas permiten pagar más de lo que en ese momento tiene el titular en la cuenta corriente. El dinero que dejamos a deber en la cuenta, los números rojos o, como se conoce técnicamente, el descubierto en cuenta sí que paga intereses y, habitualmente, muy superiores al interés normal.

Si en nuestro contrato no se contempla esa posibilidad o si no ha habido acuerdo específico sobre este tema, los bancos no deberían permitirnos gastar más de lo que tenemos en la cuenta, por lo que se puede reclamar si lo hace.

De todas formas, es un servicio que cobran caro (ya que, además de pagar por ese dinero un interés muy alto, también se paga una comisión aparte por él) pero que puede resultarnos necesario en un momento determinado.

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