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Un crédito como otro cualquiera
Un crédito fléxible
Realmente no se trata de un crédito como otro cualquiera, ya que habitualmente, al pedir un préstamo, se conoce con antelación la cuantía que estamos solicitando y el plazo en el que vamos a tener que pagarlo. Con la tarjeta de crédito se van contrayendo préstamos automáticamente hasta alcanzar el límite dispuesto para nuestra cuenta. De esta forma el control de lo que se adeuda es un poco más complicado, sobre todo si se compra sin una planificación.
Pero aunque sea un crédito un tanto especial, como en cualquier préstamo hay que tener muy claros algunos conceptos. Saber qué porcentaje de lo que pagamos mensualmente corresponde a amortización del crédito y qué parte corresponde a intereses nos servirá para decidir si aumentamos la cuota mensual o si, por el contrario, nos conviene reducirla.
En un préstamo hipotecario, por ejemplo, lo habitual es que durante los primeros años no se amortice el préstamo. O sea, la cantidad que adeudamos no se reduce salvo en un porcentaje muy pequeño, y lo que pagamos son los intereses del préstamo. En el caso de las tarjetas de crédito esto no puede ser así, simplemente porque es un crédito vivo, al que vamos, al mismo tiempo que lo amortizamos y pagamos intereses, aumentándolo con nuevas compras.Los bancos emisores de tarjetas de crédito tienen a cobrar, por defecto, un porcentaje muy pequeño de lo que se tiene adeudado en la cuenta de crédito. En muchos casos el mínimo establecido por defecto está entre el 2,25% y el 5% del total adeudado, un porcentaje muy bajo que puede hacer que se alargue bastante la deuda y por tanto, que tengamos que pagar más intereses. Por ello, puede resultar más beneficioso para el usuario aumentar el pago mensual.
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